En ese mismo instante me vi reflejada en los ojos de aquella niña y supe que el tiempo no pasaba en vano, ni para mi ni para nadie. Ese brillo en los ojos, la esencia del primer amor, la felicidad de sentirte adulta aunque no lo fueses... No pude evitar compartir algunos sentimientos con esa joven chica. Pero, ¿es ella que está creciendo muy deprisa o soy yo que aún abrazo a la niña de 16 años que fui?
Vagos recuerdos se pasean por mi cabeza y de vez en cuando le dan una patadita a mi corazón aunque probablemente esas imágenes se borren y den paso a otras nuevas.
Quizá sean los tiempos los que han cambiado, o quizá sea yo la que se ha quedado anclada al pasado. De cualquier modo, los tiempos cambian y las personas se van, algunas para siempre, otras a por un café. Lo mejor que podemos hacer es respirar y reiniciar. Y si lo que nos queda es seguir, lo mejor es parar en el arcén y descansar y aunque sé que nada será lo que fue y que las personas son distintas, no pienso acoplarme a esta nueva rutina. La cogeré y la moldearé a mi gusto. Así se hace la moda y así deberíamos vivir.