Cuando eres joven e
inexperto, el amor resulta ser lo mas maravilloso del mundo, amas a
la persona que está a tu lado, compartes secretos con ella,
experimentas nuevas sensaciones, vamos, un camino de rosas en toda
regla. De lo que no eres consciente es del daño que te puede hacer
todo eso en un futuro no tan lejano.
A veces las personas
maduran, y con ello cambian gustos, costumbres, manías y hasta de
forma de ser. ¿Por que? ¿A caso las relaciones relativamente
largas, deben tener un final feliz?
Es duro dejar a la persona
que amas, sus costumbres, su olor, su numero de teléfono, todo. Y lo
que de joven era un típico romance que acaba en tragedia y lágrimas,
se convierte a lo largo de los años, en un amargo y seco adiós.
Y ahí estoy yo, a punto de
empezar a dirigir mi propia vida, con mi futuro mas o menos
encaminado, y con numerosas experiencias vitales a mis espaldas, pero
eso no significa nada. Después de todo las rupturas de pareja son
uno de los trabajos más duros en el entorno amoroso. ¿No debería tener algún mérito
soportarlas? Si no es así, ¿como mantienes el tipo cuando no tienes
tierra firme donde pisar?
Por que al final de una
relación fracasada cuando solo se tienen dudas y tristeza, surge una
pregunta, ¿De qué vale todo?
En estos momentos, cuando
más necesitas el calor de un amigo, de alguien a quien le importas,
las personas que te prometieron que iban a estar, ya no están...
Pero no te puedes deshacer de ellas, como si fuesen unos zapatos
preciosos que te encantan, pero que a la vez te hacen daño...
Por eso mira a tu alrededor y centra tu atención en todas esas personas que te sonríen y te tienden la mano. Son los faroles que alumbrarán tu camino, hacia unos días mejores, hacia una mejor persona, hacia un mejor yo.

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